martes, 7 de septiembre de 2010

La leyenda de la silla del diablo


Un relato más en este día del patrimonio nacional. Página abierta a la cultura del portal de Radio Payne.

Imagen de muestraEn la provincia de Ultima Esperanza, a 24 kilómetros de Puerto Natales, camino al parque nacional Torres del Paine, existe una huella que lleva hasta la Silla del Diablo, estructura de piedra que se yergue imponente a escasa distancia de la no menos famosa Cueva del Milodón.

La roca tiene la forma de una silla, y sobre ella existe la siguiente leyenda:

Cerca del lugar había una estancia cuyos propietarios tenían una hija, bella como el amanecer y sobre cuya figura caían rendidas muchas miradas de jóvenes lugareños. No obstante, la niña de primorosas 17 primaveras, aún no tenía ojos para el amor. Además, del cariño que profesaba a sus padres tenía una especial predilección por su perrito regalón Pol, que en lengua aónikenk significa negro.

La jovencita salía a caminar seguida de su perro, recogía flores silvestres, disfrutaba de la dulzura del calafate o simplemente jugaba con el animalito que gustaba de correr hacia los caiquenes que asustados volaban en bandadas.

Los ojos del demonio se posaron en la bella muchacha. Transformado el diablo en un hermoso galán conquistó a la niña, haciéndola alejarse cada vez más de la casa paterna.

Sin embargo, en cada oportunidad que los muchachos paseaban juntos eran acompañados por el fiel Pol, que no los dejaba a sol ni a sombra, presagiando los obscuros planes del malvado, pero este se las ingenió para extraviar un día al can, llevándose a la muchacha hasta la gran figura rocosa e invitándola a que lo acompañara a ingresar por unos intrincados pasadizos que solo él conocía.

La niña, totalmente engañada, entró a la silla, perdiéndose para siempre. Su perro, guiándose por el olfato, llegó hasta la roca, sin embargo, su instinto no logró encontrar la entrada que le hubiera permitido seguir a su ama. Allí se quedó, esperando hasta que murió de hambre.

Quienes visitan la roca pueden ver que cada cierto tiempo un águila se posa en lo alto de la silla- es el demonio que vigila. También, otra gran piedra, que forma parte del conjunto, tiene la figura de un can recostado en espera de su ama que desapareció para siempre.

Referencia:

Mitos y Leyendas de Magallanes. Mario Moreno 1997.